Rayuela cumple 51 años como un monumento que pasa de mano en mano

 

Nalgasylibros- En 1963 un niño lanzó una pelota a través de una ventana, rompió un vidrio y le pegó a un hombre en la cabeza. Hasta ese momento, la víctima del golpe había permanecido en la demencia, pero ahora estaba curado. El pelotazo como milagro: una alineación planetaria asombrosa que le devolvió la razón.

Esa pelota es Rayuela, de Julio Cortázar, un juguete sanador que cumple 50 años pasando de mano en mano como panfleto libertario. A algunos les parece demasiado cliché de estudiante sentarse a hablar de esta obra, pero otros se sinceran y se suman al juego: uno lanza la piedra y el otro recorre los espacios cojeando sin llegar al cielo porque cada quien tiene una manera de ganar y rechaza la del otro. Así se habla sobre este libro, con hipótesis, con risa, con deleite, autoproclamación y timidez. Yo creo que…  Tal vez quería… ¿Cómo se puede juntar tanta belleza? Estoy completamente seguro de que… No sé, me confunde.


Fue con Julio Cortázar que en Latinoamérica se aprendió a ver el mito de París como laberinto romántico de sexos dispersos y botellas de fermento. Gracias a Rayuela, mucha gente se fue a París, a perderse por sus calles a ver si se encontraba una maga, a desarrollar el viejo juego de meterse las manos en los bolsillos y caminar con frío a ver si ocurría algo y sin esperar nada.


Cortázar escribió Rayuela con un mensaje, y la escritura fue su medio porque no pudo escupirla, bailarla ni declamarla. Hoy el medio es el mensaje, y Rayuela seguirá ejerciendo su papel de curar a través del juego las cabezas saturadas de realidad.

Néstor Luis González